sábado, 7 de septiembre de 2013

La Monarquía (II): David

David, en hebreo, ו , «el amado» o «el elegido de Dios»; c. 1040-970 a. C. fue el segundo rey israelita, sucesor del rey Saúl, cuya historia se narra en los libros de Samuel que son la crónica principal de su vida y su reinado, continuando con sus descendientes en el Libro de los Reyes. Fue padre de uno de los grandes gobernantes de Israel, Salomón.


David es considerado como un rey esencialmente justo, valiente y apasionado, aunque en ninguna manera exento de pecados, así como un aclamado guerrero, músico y poeta, y al que tradicionalmente se atribuye la autoría de muchos de los salmos del Libro de los Salmos.

David es ungido rey por Samuel, grabado de Doré
David pertenecía a la familia de Isaías de la tribu de Judá, era el “el menor” (1 Sam. 16,11) de los “ocho hijos” de Isaí (1 Sam. 17,12). Y como era costumbre, el menor era el más postergado y se le daban tareas pastoriles. Tres de sus hermanos eran soldados de Saúl. Samuel el profeta, por mandato directo de Dios viaja a Belén a buscar al nuevo ungido, específicamente a la familia de Isaí.

Dios, por medio del profeta Samuel, había retirado su favor (bendición) a Saúl, rey de Israel. Saúl había pecado, a los ojos de Yahvé, al desobedecer, durante la batalla de Michmash, el mandato de destruir a todos los enemigos amalecitas.

Yahvé decidió que Samuel debía nombrar a un nuevo rey para Israel. Para eso lo envío a Belén, a casa de Isaí (Jesé) para que escogiese a uno de sus hijos. Samuel llegó a Belén, con el pretexto (para evitar la ira de Saúl) de realizar un sacrificio. Allí lo ungió como rey ante sus hermanos y se volvió.

David siendo bendito de Dios es nombrado músico a cargo de arpa y además paje de armas, no por ello dejando de lado sus labores pastorales. El talento para tocar el arpa calma el atormentado espíritu de Saúl, y le concede su buena disposición.

El reino de Israel, gobernado en ese entonces por Saúl, estaba en guerra con los filisteos. Estos contaban con un líder llamado Goliat, de estatura descomunal. Confiado en su gran fortaleza física, desafió a los ejércitos de Israel durante cuarenta días, a fin de que ellos eligieran a su mejor hombre, quien se enfrentaría a Goliat. Así se decidiría la batalla y el pueblo vencido sería 'esclavo' del ganador. David fue enviado por su padre para visitar a sus hermanos que estaban en el campamento, llevarles alimentos e informarse de su condición. Estando allí, escucha el desafío de Goliat. La Biblia muestra a David como "pastor", preocupado por defender a sus rebaños de los ataques de las fieras salvajes (leones, osos...) usando su talento y con la ayuda del cayado y la honda. Con base en ese antecedente posteriormente se ofrece, delante del rey Saúl, como voluntario para hacer frente al líder filisteo. Para los hebreos era un momento crucial de su existencia como nación autónoma. La batalla que se estaba gestando sería determinante. Es vestido con la armadura del mismo Saúl, pero al no estar acostumbrado a utilizar armadura, se deshace de ella, se dirige al campo de batalla con su honda y su cayado y recoge 5 piedras lisas de un arroyo.

Muerte de Goliat
Goliat se burla del cayado de David (asemejándolo a un simple "palo" (1ª Sam 17, 43), pero una vez trabada la pelea, David consigue vencer a su enemigo lanzando con su honda una piedra, que impacta en plena frente del gigante. Una vez caído, David corre hacia él y le corta la cabeza con su propia espada rematándole y se lleva la cabeza y las armas a su tienda. Así David consigue la primera de muchas victorias, que conseguirá confiando en Dios.

David ha ganado la confianza de los criados y la afición de todo el pueblo (1 Sam. 18,5). Pero ante la fama adquirida por ese joven, aparecieron los celos de Saúl (el rey), quien -alejándose de Dios- se está convirtiendo en “otra persona”. Comienza a perseguir a David, por lo que éste corre serio peligro y huye al desierto.

En la batalla con los filisteos (en Gilboá) el rey Saúl y su hijo Jonatán mueren. La denominada "Casa de Saúl" parece definitivamente anulada. David llora sus muertes y luego analiza la situación. Los adversarios (filisteos) se han hecho dueños de grandes regiones. Ante ello decide trasladarse hasta Hebrón, donde es ungido como rey. Por su parte, las tribus del norte procuran restablecer el poder de la debilitada Casa de Saúl, eligiendo como rey a Isboset, un descendiente del extinto rey Saúl.

Durante su permanencia en Hebrón, David era rey pero no conseguía el reconocimiento de las tribus norteñas de Israel. Lograr la unidad de las 12 tribus pasó a ser su objetivo primordial. Para ello, era indispensable alejarse de Hebrón, pues "allí estaban sus partidarios, sus familiares" (2 Sam. 2,3), allí "le habían nacido varios hijos", y todo ello era negativo para la independencia de criterio con que debía regir los destinos de un gran país. Sin embargo, con la muerte del hijo de Saúl, Jonatán con quien era amigo, los ancianos de Israel se acercan a Hebrón manifestando lealtad a David, por entonces de 30 años de edad.

Estaba muy claro que para lograr una total autonomía se necesitaba ubicar la capital en un lugar "neutral". El lugar ideal era Jebus, que por entonces no estaba en manos de la gente de Judá ni en manos de los israelitas del norte. Pero estaba ocupada por los jebuseos. Una vez reconocido por los líderes de todas las tribus, los cuales le expresaron: "Hueso y carne tuya somos" (2ª Sam 5:1-3) David se lanza a la conquista de la fortaleza de los jebuseos de Jebus y la hace su capital (se denominaría Ciudad de David ―luego Jerusalén―).

Parecía que la unidad se había conseguido. Las doce tribus reconocían a David como rey, como líder de una teocracia que pretendía instalar el "reino de Dios en la Tierra". El rey Hiram de Tiro envió mensajeros a David, y comenzó a suministrarle madera de cedro, también los carpinteros y albañiles para que construyeran la casa de David ".

David tiene la intención de construir un templo. Pero Dios le habla al profeta Nathan, diciéndole que el templo debe esperar a una generación futura, debido a que se han cometido crímenes. No obstante, hace un pacto con David, con la promesa de que establecerá la casa de David eternamente: «Tu trono será establecido para siempre."

Luego David conquistaría Soba y Aram (moderna Siria), Edom y Moab (actual Jordania), las tierras de los filisteos, así como de otros territorios, en muchos casos extermina gran parte de sus habitantes.

En los tiempos del sitio de Rabbah, David no asistió a la batalla quedándose en Jerusalén, después de una siesta, caminó por un terrado y observó en una casa vecina una mujer de hermosa apariencia bañándose y David la deseó. Se hizo informar y averiguó que su nombre era Betsabé, hija de Eliam, esposa de Urías, un soldado hitita principal que luchaba en Rabá. Esta condición no hizo desistir a David.

David la hace venir y yace con ella por lo que comete adulterio con Betsabé con la esposa de Urias el Hitita, mientras que su esposo luchaba en la batalla (en el sitio de Rabbah). El adulterio (para la mujer) era penalizado con la muerte en Israel. Betsabé queda embarazada, entonces David llama a Urias, a fin de que pueda estar con su esposa y ocultar la verdadera identidad del padre del niño. Sin embargo, Urías se niega a permanecer en su casa mientras sus compañeros están en la lucha, por lo que David cambia su estrategia: Lo envía de regreso al sitio de Rabbah pero da instrucciones a Joab (el comandante) para que sitúe a Urías en la parte frontal y mas difícil de la batalla, a fin de que lo mataran en combate. Betsabé guarda un luto por su esposo mientras un enamorado David espera.

David se casa con Betsabé (llegó a ser su esposa preferida) y ella lleva su hijo, "pero lo que había hecho David desagradó al Señor". El profeta Natán, sucesor de Samuel confronta a David, diciendo: "¿Por qué has despreciado la palabra de Dios, para hacer lo que es malo a sus ojos? Has herido a Urías, el hitita, con la espada y has tomado a su esposa para ser tu esposa" (2 Samuel 12:9). Por lo tanto, por adulterio y asesinato, Nathan declara que Dios le quitará la tranquilidad a su casa y al rey propiciándole zozobras continuas, un reino agitado, lleno de disturbios civiles violentos e intrigas. Además, aclaró David no iba a morir por esto (ya que David demuestra arrepentimiento); pero sí su hijo nacido de Betsabé.
Tal como lo había profetizado Natán, los errores del rey fueron la causa de diversos trastornos y zozobras a la llamada Casa de David. Uno de los hijos de David, Absalón cuya madre se llamaba Maachâ, y que había nacido en Hebrón, se rebela contra su padre, y llegan a luchar por el derecho al trono.

Todo ese tiempo de conflictos han deteriorado la imagen de David y su espíritu. Los sinsabores continuarían, pues Adonías (otro hijo nacido en Hebrón), también pretende reinar. Ambiciona el trono de su padre David, que por entonces ha perdido gran parte de su anterior prestigio.

Ya anciano, David estaba decrépito y postrado en cama. Aprovechando la debilidad de su padre, Adonías, su hijo superviviente (y heredero natural), se declara Rey. Betsabé, la esposa preferida de David, y Natan el profeta, temiendo por la actitud hostil del ambicioso Adonías, fueron con David para procurar un acuerdo que colocase a Salomón (el segundo hijo de Betsabé) en el trono.

David muere aproximadamente a los 70 años y es enterrado en ciudad de David. Había gobernado cuarenta años sobre Israel, siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.

sábado, 24 de agosto de 2013

La Monarquia (I): Saúl

Saúl, primer rey de Israel, a finales del siglo XI a.C, aparece relatado en el libro primero de Samuel (a partir del capítulo 9 hasta el 31).

Ante las súplicas del pueblo al ya anciano juez Samuel para que nombrara un rey que los librara de los invasores filisteos, aquel, aunque creía que Dios debía ser el único soberano de Israel, consultó a Dios y ungió a Saúl, de la tribu de Benjamín. Saúl, hombre de gran valor y gran estatura, se mostró al principio un rey firme, que derrotó a amonitas, moabitas y filisteos, y estableció su capital en la ciudad liberada de Yábes-Galaad.

Saúl intenta matar de David, grabado de Gustav Doré
En el capítulo 15 de I Samuel encontramos cómo Saúl es rechazado por Dios dada su desobediencia en instrucciones de guerra específica (1 Sam. 15, 22). Debido a esto ordenó a Samuel que consagrara secretamente a David. Éste marchó a la corte de Saúl como arpista, pero los continuos triunfos militares que sucedieron a su victoria frente a Goliat provocaron los celos del rey, que intentó matarlo y debido a que Dios se había alejado de él en consecuencia (1 Sam. 16, 14). Gracias a la ayuda de su amigo Jonatán (1 Sam. 19) y a su esposa Mical, hija de Saúl, David pudo huir. La separación indubitable de Dios respecto a Saúl se lee en 1 Samuel 28, 15.

La narración bíblica sobre Saúl describe que éste, poseído por la ira ante la admiración del pueblo y de su propia familia por David, perdió paulatinamente la razón. Desesperado, evocó el supuesto espectro de Samuel, que profetizó una gran derrota de su ejército y su muerte. Al día siguiente, los filisteos destrozaron el ejército israelita en la Batalla del monte Gilboah y Saúl, para evitar su captura ya herido, se dio muerte junto a sus hijos (1 Sam. 31,4).

sábado, 10 de agosto de 2013

La época de los Jueces (V): Samuel

Samuel elije rey a Saúl
Samuel, en hebreo, שְׁמוּאֵל, "Aquel que escucha a Dios". Es profeta y último juez de Israel. Según los datos que él mismo aporta en el Primer Libro de Samuel, pertenecía a la tribu de Leví. Su madre, Ana, era estéril y obtuvo milagrosamente un hijo al que llamó Samuel y consagró al Señor, dejándolo en el santuario de Silo al cuidado del sacerdote Eli (1 Sam 1,2). Muy joven, sintió la vocación de ser juez y profeta del pueblo judío (1 Sam 3). Fue él quien eligió al primer rey del pueblo judío, Saúl, antecesor de David. En la tradición judía tiene un gran peso, al punto que el Talmud llega a decir que este profeta valía como Moisés y Aarón

Según la tradición judía, a la muerte de Moisés y Josué, sucedió una confusión en cuanto a ciertas leyes, en especial concerniendo a la prohibición del matrimonio entre amonitas, moabitas e israelitas. Este problema lo resolvió el profeta Samuel.

sábado, 27 de julio de 2013

La época de los Jueces (IV): Elí

Elí, significa alto, elevado. Era juez y sumo sacerdote cuya historia aparece en 1 Sam. 1-4. Vivió en Silo, donde estuvo el Arca de la Alianza por un tiempo

Malas acciones de los hijos de Elí
La historia temprana de Samuel está conectada con la de los últimos días del anciano Elí, a quien sucedió en el oficio de juez, justo antes del nombramiento de Saúl como rey (1 Sam. 7,15; 8,22). Samuel fue consagrado al servicio del Señor por su piadosa madre, y estuvo al servicio del tabernáculo bajo Elí. Los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, eran «hijos de Belial». Ayudaban a su padre, pero interferían en las ofrendas de la gente del pueblo, y pecaban en gran manera ante el pueblo. Elí habló con sus hijos acerca de las malas acciones que estaban cometiendo, pero no con la necesaria energía para impedir que deshonraran al Señor. La responsabilidad de mantener al pueblo de Dios ante Él residía en la casa sacerdotal. De ahí lo enorme del pecado de los jóvenes, y la gran responsabilidad de Elí por su negligencia.

El Señor le habló a Elí a través del niño Samuel, y le dijo claramente que estaba honrando a sus hijos antes que a Dios, detallándole algunos de los juicios que iban a abatirse sobre su casa, y que sus dos hijos morirían en un mismo día, y la palabra del Señor se cumplió. Éste fue el gran fracaso de Elí, aunque es evidente que por otra parte buscaba mantener el honor de Dios. Temblaba de temor cuando el arca fue llevada al campo de batalla, Los filisteos quedaron victoriosos en la batalla, Jofní y Pinjás estuvieron entre los muertos, y el arca fue secuestrada como parte del botín. Al oír estas tristes noticias, Elí cayó hacia atrás de la silla en que estaba sentado y murió desnucado. Había juzgado a Israel durante cuarenta años y tenía 98 (1 S. 1-4). 

Su descendiente Abiatar fue echado del sacerdocio por Salomón en cumplimiento de la palabra del Señor con respecto a la casa de Elí en Silo (1 R. 2,27).

sábado, 13 de julio de 2013

La época de los Jueces (III): Sansón

Sansón, en Hebreo, שִׁמְשׁוֹן, "del Sol", es uno de los últimos jueces. Es descrito en el Libro de los Jueces, entre los capítulos 13 y 16. Sansón se caracteriza por una figura hercúlea, usando una extraordinaria fuerza para combatir contra sus enemigos y llevar a cabo actos heroicos inalcanzables para la gente común: luchar contra un león (sin más armas que sus propias manos), acabar con todo un ejército con sólo una mandíbula de burro, o derribar un edificio. Representa la lucha de su pueblo contra los Filisteos.

El nacimiento de Sansón se sitúa dentro de una época en la que los israelitas eran oprimidos por los filisteos. Un ángel de Yahvé Elohim se apareció a Manoa, de la tribu de Dan, en la ciudad de Zora, y a su mujer, que era estéril. El ángel les predijo que su hijo liberaría a Israel de los filisteos. Según él, la futura madre no debía tomar ni vino ni sidra ni comer nada impuro. De acuerdo al nazareato (consagración al Dios Yahveh), el hijo no debía cortarse el cabello. Siendo joven, Sansón deja su pueblo para visitar las ciudades filisteas, donde se enamora de una mujer de la ciudad de Timnat, con quien decide contraer matrimonio, a pesar de la oposición de sus padres, que prefieren una joven israelita. Esta decisión se presenta como parte de un plan de Dios para atacar a los filisteos. De camino a la petición de mano, es atacado por un león al que da muerte. Yendo a la boda, observa entre los huesos del león un enjambre de abejas con miel, la cual prueba y luego ofrece a su padre.



Combate con los filisteos a causa del acertijo
En la fiesta de boda organizada por Sansón, el héroe propone a treinta mozos filisteos un acertijo; si lo resuelven, les daría treinta piezas de lino fino y otros tantos vestidos. Si no, ellos les harían el mismo regalo a Sansón. Tenían los siete días que duraba la fiesta para resolverlo. El acertijo es el siguiente: «Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura». El enigma es una referencia al león que mató y la miel que de él salió. Como sólo Sansón estaba presente en esa lucha, los treinta mozos no pueden obtener respuesta durante tres días. Al cuarto, se dirigen a su mujer, amenazándola con prenderle fuego a ella y a la casa de su padre si no descubre la solución. Ante los lloros de su esposa, Sansón decide al séptimo día contarle la respuesta, y ella se la da a sus paisanos. Antes de la puesta de Sol de ese séptimo día, los filisteos le hablan: «¿Qué hay más dulce que la miel, qué hay más fuerte que el león?». Sansón responde: «Si no hubieseis arado con mi novilla, no habríais adivinado mi acertijo»
Baja entonces a Ascalón, mata a treinta hombres, a los que roba sus vestidos, y se los da a los mozos. Contrariado, se aleja y llega a casa de su padre. Su esposa es dada a otro hombre. Cuando Sansón quiere verla, su suegro se niega, pero le ofrece la hermana menor de la mujer, más bella. En represalia, el israelita caza a trescientas zorras, atándolas por el rabo de dos en dos, y poniendo una tea entre ambos rabos, suelta a los animales por el campo, haciendo arder todas las cosechas enemigas. A su vez y para vengarse, los filisteos queman a su mujer y la casa del padre de ésta, a lo que Sansón responde dando a una paliza a muchos de ellos.

Sansón y Dalila, grabado de Gustav Doré
Tras esto, se refugia en la roca de Etán. Mientras tanto, los filisteos acuden a Judá pidiendo que entreguen a Sansón. Tres mil hombres de este pueblo le encuentran, y prometiéndole no matarle, le atan y se disponen a entregarle. Pero cuando esto iba a ocurrir, Sansón rompe las cuerdas, se libera, y usando la quijada de un asno, mata a mil filisteos. Después de esto, es juez de Israel durante veinte años.

Tras ese tiempo, Sansón huye a Gaza, quedándose en casa de una prostituta. Sus enemigos le esperan a la entrada de la ciudad para matarle, pero aprovechando la noche, rompe la puerta y se la lleva al monte en frente de Hebrón. Allí se enamora de Dalila (mujer filistea). Los filisteos, a cambio de monedas de plata, la sobornan (Jue. 16, 5-18) y la incitan a lograr que Sansón le revele el secreto de su fuerza. Sansón le engaña, respondiéndole que sería vencido si le atasen con siete cuerdas húmedas. Dalila le hace caso y le ata, pero él rompe las cuerdas fácilmente. La mujer vuelve a preguntarle, a lo que él responde que bastaría con atarle con cuerdas nuevas para que se convirtiese en un hombre normal. Ella le hace caso y él vuelve a romperlas con facilidad. Dalila insiste en querer saber su secreto, y Sansón vuelve a mentirle, diciéndole que se debilitaría si le atasen sus siete trenzas con hilos, sujetándolas con clavos. Ella lo intenta y vuelve a fracasar por tercera vez.

Tras mucha insistencia por parte de la mujer, Sansón le confiesa que perderá toda su fuerza si le cortan el cabello. Así lo hace un sirviente y le deja sin su extraordinaria fuerza. Es de notar que su fuerza se debía al juramento nazareo (Jue, 13,25; 15,18), el cual Sansón mismo había roto al despreciar la Ley divina que prohibía tomar como mujer a una extranjera (Deut. 7,3,4). Sansón no ignoraba que esa mujer era indigna (Jue 16,8). Los filisteos terminan capturándolo, le sacan los ojos y le llevan a Gaza, donde, prisionero, trabaja moliendo grano para sus enemigos. No obstante, su pelo vuelve a crecer, de modo que va recuperando su hercúlea fuerza.
Muerte de Sansón y destrucción del templo de Dagón, grabado de Gustav Doré


Un día, los jefes filisteos se reúnen en el templo para ofrecer un sacrificio a Dagón, por haber puesto en sus manos a su enemigo. Hacen llamar a Sansón para que les entretenga a ellos y a las tres mil personas que allí había. El israelita pide al joven que le conducía que le deje entre las columnas sobre las que descansa el edificio, para poder descansar. El edificio se vino abajo, de tal forma que mató a más personas al morir de las que había matado durante toda su vida. Sus familiares recuperan su cuerpo y le entierran cerca de la tumba de su padre, Manoa.

sábado, 29 de junio de 2013

La época de los Jueces (II): Abimelec y Tolá

Muerte de Abimelec, grabado francés
Abimelec:

Hijo del juez Gedeón, su historia ocupa el capitulo 9 del libro de los Jueces. Tras la muerte de su padre, intentó por todos los medios ser hecho rey de Israel. Para ello se dedicó a eliminar a todos sus hermanos de manera que nadie pudiera disputarle su liderazgo. Luego fue proclamado rey. Después de tres años se produjeron conflictos con las gentes de Siquem que querían vengar la muerte de sus hermanos. A ellos se unieron algunas ciudades vecinas. Abimelec entonces salió con su ejército para reducir a los rebeldes. Venció a los de Siquem liderados por Gaal, luego mató a todos los habitantes de la ciudad, la arrasó y la cubrió de sal. Después también mandó matar a los habitantes de la ciudad de MigdalSiquem que se había refugiado en la cripta del templo. Tomó luego la ciudad de Tebés, pero al acercarse a la torre donde se habían refugiado algunos de sus habitantes, una piedra de molino que una mujer le dejó caer, le partió el cráneo. Abimelec al verse herido de muerte pidió a un escudero que lo matara a espada para que no se pudiera decir que una mujer lo había asesinado.

Tolá

La escueta referencia de este juez de Israel es en Jueces (Ju. 10,1-2)Después de Abimelec surgió para librar a Israel Tola, hijo de Fuá, hijo de Dodó, hombre de Isacar. Habitó en Samir, en los montes de Efraím. Juzgó a Israel durante veintitrés años y murió, siendo sepultado en Samir.”

lunes, 15 de abril de 2013

La época de los Jueces (I): Débora y Gedeón

Débora, en hebreo דְּבוֹרָה, “abeja”. Era una profetisa y el cuarto Juez (además del único femenino) del Israel pre monárquico. Su historia se cuenta dos veces en los capítulos 4 y 5 del Libro de los Jueces. Jue. 4 es en prosa, narrando la victoria de las fuerzas israelitas dirigidas por el general Barak, a quien Débora mandó llamar pero profetizó que no lograría la victoria final sobre el general cananeo Sísara. Tal honor correspondió a Jael, la esposa de Héber, un quenita fabricante de tiendas. Jael mató a Sísara clavándole una estaca de la tienda en la cabeza cuando dormía.
Jue. 5 cuenta esta misma historia en verso, este pasaje, llamado a menudo La canción de Débora, es uno de los pasajes más antiguos de la Biblia y el ejemplo más antiguo conservado de poesía hebrea.
Se sabe poco de la vida personal de Débora. Aparentemente estuvo casada con un hombre llamado Lapidoth (‘antorchas’), pero este nombre no aparece fuera del Libro de los Jueces y podría significar simplemente que la propia Débora tenía un alma «ardiente». Fue una poetisa y daba sus sentencias bajo una palmera de Efraín. Algunos aluden a ella como la madre de Israel. Tras su victoria sobre Sísara y el ejército cananita hubo paz en la región durante cuarenta años.
En el génesis aparece otra Débora, nodriza de Rebeca (Gn. 24, 59 35,8)




Gedeón, en hebreo, גִּדְעוֹן, "Destructor", "Guerrero poderoso". Fue el quinto de los jueces del pueblo judío y es considerado como uno de los más sobresalientes por la magnitud de su "obra guerrera" contra uno de los pueblos enemigos de Israel: los madianitas. Hijo de Joás de la tribu de Manasés. Los datos que conocemos de su historia se encuentran relatados en el libro de los Jueces de los capítulos 6 al 8.
Hay dos narraciones de su vocación. Al parecer las diferencias se deben a la permanencia de dos estratos de redacción, el así llamado elohísta y el yahvista que se han unido en un solo relato, otros reconocen dos narraciones didácticas y un texto verdaderamente histórico, etc. Las investigaciones bíblicas no han logrado llegar a un punto de vista unificado.
File:Böttcher, Christian Eduard - Gideon selects his army of 300 by observing their manner of drinking from a stream - 1908.jpgEn sustancia, la vida de Gedeón se sitúa tras el asentamiento de los judíos en el llano de Ofrá donde habían asimilado los cultos idolátricos de las poblaciones aledañas. Tras esa infidelidad, Yahveh les habría castigado enviando tribus nómadas y grupos de amalecitas y madianitas a hacerles la guerra. En esos combates, dos hermanos de Gedeón habrían sido asesinados. Los israelitas se arrepintieron y pidieron perdón. Yahveh envió a su ángel a hablar con Gedeón para anunciarle que sería el libertador de su pueblo. Éste pidió una prueba, tras un diálogo algo sarcástico con el ángel. Este último le dio la prueba que pedía abrasando un sacrificio con fuego milagroso. Al día siguiente Gedeón destruyó el altar de Baal. Los grupos nómadas se reunieron para hacer la guerra a Gedeón. Éste reunió un ejército que, con diversas condiciones y pruebas, Yahveh redujo a trescientos hombres (sin contar las tropas auxiliares). Los israelitas atacaron durante la noche y produjeron tal confusión que los madianitas se asesinaban entre ellos y tuvieron que huir despavoridos mientras eran perseguidos por las tropas de Gedeón. Los mismos jefes de Madián, Oreb y Zeeb murieron en la refriega y sus cabezas fueron dadas como trofeo a Gedeón.
Luego de otros combates victoriosos con los madianitas y de castigar a los pueblos que no quisieron colaborar en la persecución, la gente del pueblo quiso que Gedeón fuera su rey. A lo que este no aceptó, alegando que sólo Dios podía reinar en Israel. Con las joyas tomadas a los vencidos, Gedeón se hizo elaborar un efod. No hay tampoco acuerdo entre los expertos en relación con el efod, unos dicen que se trataba de todo un atuendo sacerdotal con sus joyas y adornos, otros que se trataba de una tabla o instrumentos para hacer consultas a Yahveh. Sin embargo, este efod llevó nuevamente a la idolatría a los israelitas. Gedeón gobernó en Israel otros 40 años que fueron de paz y crecimiento. Tuvo setenta hijos (era polígamo) entre los que destaca Abimelec. Es mencionado en el Salmo 83, versículo 12 por sus victorias militares y en la carta a los Hebreos, capítulo 11, versículo 32 por su fe.