miércoles, 20 de febrero de 2013

El Génesis y los Patriarcas (V): Henoc y Matusalén


Henoc y Matusalén

Henoc, hijo de Jared y Padre de Matusalén, (Gn. 5, 21-24)  “Era Henóc de sesenta y cinco años cuando engendró a Matusalén. Anduvo Henoc en la presencia de Dios, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.  Fueron todos los días de la vida de Henoc trescientos sesenta y cinco años, y anduvo constantemente en la presencia de Yahvé, y desapareció, pues se lo llevó Dios.” Los textos apócrifos se han cebado con la extraña desaparición de Henóc, desarrollándose teorías para todos los gustos hasta nuestros días. Se le cita en (Eclo. 44, 16) “Henóc fue grato a Dios y trasladado, ejemplo de piedad para las generaciones venideras”; (Lc. 3, 37) en la genealogía de Jesús. “hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jaret, hijo de Maleleel, hijo de Cainán”; (Heb. 11, 5) “Por la fe fue trasladado Henóc, sin pasar por la muerte, y no fue hallado, porque Dios le traslado. Pero antes de ser trasladado recibió testimonio de haber agradado a Dios”; Jds. 14) “De ellos (refiriéndose a los impíos) también profetizó el séptimo desde Adán, Henoc, cuando dijo: “He aquí que viene el Señor con sus santas miríadas
Matusalén

Matusalén, en hebreo: מתושלח, hijo de Enoc y padre de Lamec, es la persona más longeva que se menciona en el Antiguo Testamento. Se afirma que alcanzó la edad de 969 años, (Gn. 5, 27)  “Fueron, pues, los años de Matusalén, novecientos sesenta y nueve años; y murió”.
En el Génesis se lo menciona como hijo de Enoc y padre de Lamec (a su vez, padre de Noé), a quien engendró con 187 años. Su nombre se ha convertido en sinónimo aplicado a cualquier criatura de edad avanzada: "tiene más años que Matusalén" o "es más viejo que Matusalén". Una lectura atenta del Antiguo Testamento revela que Matusalén debió de morir en el año del Gran Diluvio. En este sentido, se cree que los seres humanos vivían cerca de mil años, hasta que, después del diluvio, Dios acortó su edad (Gn. 6,3) “Y dijo Yahvé: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.". Según las tradiciones del judaísmo la primera persona que envejeció fue Abraham, y las personas anteriores eran más longevas porque nacieron antes del diluvio.