miércoles, 20 de febrero de 2013

El Génesis y los Patriarcas (XI): Jacob


acob, en hebreo יַעֲקֹב "sostenido por el talón", conocido después como Israel “el que pelea con Dios". Es hijo de Isaac y padre de doce hijos. De su primera esposa Lea tuvo a RubénSimeónLevíJudáIsacar y Zabulón. También tuvo a su única hija Dina. De Bilha, sierva de Raquel, tuvo a Dan y Neftalí. De Zilpa, sierva de Lea, tuvo a Gad y Aser. Por último, de su esposa favorita, Raquel, tuvo a José y Benjamín. Estos comprendían las doce Tribus de Israel. Sin embargo, con Leví y José el asunto fue más complicado. Los descendientes de Leví, llamados levitas, fueron sacerdotes, y por lo tanto, no tenían tierras. Con el fin de hacer que el número de tribus fueran doce, ya que no se mencionaba a Leví, y no existía Tribu de José, se nombraron a los hijos de este último, que tuvo en Egipto con Asenat, como sustitutos: Efraím y Manasés.
Jacob, según la tradición, probablemente naciera en Lahai-roi, unos veinte años después del matrimonio entre Isaac y Rebeca, cuando para ese tiempo su padre tenía sesenta años de edad (Gn. 25, 26), y su abuelo Abraham ciento sesenta años. Al igual que su padre, Jacob era de disposición tranquila. También dice que yacía en la tienda lo cual, interpretado por muchos eruditos bíblicos, es una señal de ser alguien muy estudioso.
Era el segundo nacido de los hijos mellizos de Isaac y Rebeca. Durante el embarazo, los niños "luchaban" dentro de ella (Gn. 25,22). Cuando Rebeca le consultó a Dios el porqué de la lucha, recibió el mensaje de parte de Él, que dos naciones, muy distintas entre ellas, estaban formándose en su vientre, y que el mayor serviría al menor. Rebeca siempre recordó estas palabras. De hecho, ella siempre favoreció a Jacob. Entretanto, su padre, Isaac, siempre favoreció a Esaú, el otro hijo mellizo, quien era un hombre de campo, y un gran cazador.
El sueño de Jacob
Como hemos visto anteriormente, cuando los muchachos estaban creciendo, Esaú, el cazador, un día vino hambriento, y le pidió a su hermano Jacob el plato de lentejas que estaba comiendo. Jacob, por consejo de su madre, le pidió que le vendiera la primogenitura como hijo mayor, a cambio del alimento. Esaú, viendo que este derecho era inservible para él si llegaba a morir, accedió, y así, en palabras bíblicas "despreció su primogenitura". Este derecho no sólo incluía el tradicional rito bíblico de los primogénitos, el cual garantizaba un rango superior en la familia (Gn. 49,3), sino también, una doble porción de la herencia paternal (Dt. 21,17).
Pero no quedó ahí la cosa, cuando Isaac envejeció, y había perdido bastante su vista al punto de quedar casi ciego, Jacob suplanto a Esaú para recibir la bendición. Tan pronto como Jacob recibió dicha bendición y se marchó, Esaú llegó, cayendo en gran cólera por lo que había ocurrido. Isaac, quien ya se había dado cuenta del error, le dijo que lo único que podía darle era una bendición menor. Esaú, en cambio, juró que iba a matar a su hermano, una vez que su padre muriese.
Rebeca, su madre, dándose cuenta de antemano de las intenciones asesinas de Esaú, le llamó y lo hizo huir, enviándolo donde su tío, Labán, hasta que la furia de Esaú disminuyera. También, le aconsejó que buscara una esposa mientras viviera allí. (Gn. 28, 1-5) “Llamó, pues, Isaac a Jacob, y le bendijo, y le mandó: No tomes mujer de entre las hijas de Canaán. Anda y vete a Padán Aram, a casa de Batuel, el padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre; el Dios omnipotente te bendecirá, te hará crecer, y te multiplicará, y te hará muchedumbre de pueblos, y te dará la bendición de Abraham a ti y a tu descendencia contigo, para que poseas la tierra en que como extranjero habitas, que dio Dios a Abraham. Despidió, pues, Isaac a Jacob, que se fue a Padán Aram, a Labán, hijo de Batuel, arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y Esaú.”

En el camino a Harán, experimentó una extraña visión, en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo, una visión que es comúnmente referida en las Escrituras como La Escalera de Jacob. (Gn. 28, 11-17) “Llegó a un lugar donde se dispuso a pasar la noche, pues el sol se ponía ya, y, tomando una de las piedras que en el lugar había, la puso de cabecera y se acostó. Tuvo un sueño. Veía una escala apoyándose en la tierra, y bajaban los ángeles de Dios. Junto a él estaba Yahvé, que le dijo: Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra sobre la cual estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será ésta como el polvo de la tierra, y te ensancharás a occidente y a oriente, a norte y a mediodía, y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Yo estoy contigo, y te bendeciré adondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo. Despertó Jacob de su sueño, y se dijo: Ciertamente está Yahvé en este lugar, y yo no lo sabía; y, atemorizado, añadió: ¡Qué terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos.”
Continuando su camino, llegó a Harán. Paró allí, y encontró a la hija más joven de su tío Labán, su prima Raquel. Después de que Jacob había vivido un mes con sus familiares, Labán le ofreció paga por la ayuda que le había dado. Jacob indicó que le serviría por siete años, pues no tenía dote o pertenencias para ofrecerle a cambio de la mano de Raquel en matrimonio, a lo cual Laban accedió. (Gn. 29,15-20) “Pasado éste, le dijo Labán: ¿Acaso porque eres hermano mío vas a servirme de balde? Dime cuál va a ser tu salario. Tenía Labán dos hijas: una, la mayor, de nombre Lía; otra, la menor, de nombre Raquel. Lía era tierna de ojos, pero Raquel era muy esbelta y hermosa. Amaba Jacob a Raquel, y dijo a Labán: Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor. Y contestó Labán: Mejor es que te la dé a ti que dársela a un extraño. Quédate conmigo. Y sirvió Jacob por Raquel siete años, que le parecieron sólo unos días, por el amor que le tenía.” Una vez pasados los siete años, Laban le dio a su hija mayor, Lea, en su lugar. En la mañana, cuando Jacob descubrió el cambio, se quejó, a lo que Laban dijo que en su país era inaceptable dar en matrimonio a la hija menor antes que la hija mayor. Entonces ofreció a Jacob darle a Raquel también, aunque sólo si permanecía con Lea. Él cumplió con la luna de miel y trabajó otros siete años.
Una vez que se casó con ambas, "Jacob amó a Raquel y despreció a Lea". Dios, viendo esto, hizo que Lea procreara muchos hijos. Ella le dio a luz a RubénSimeónLeví, y a Judá antes de partir al desierto. Raquel, viendo que era incapaz de procrear un hijo, se puso celosa de su hermana, entonces pidió a Jacob que tuviera hijos con su criada, Bilha, para que ella pudiera tener un hijo a través de ella. Jacob hizo así, y Bilha le dio a luz a Dan y Neftalí. Así, Lea también entró en celos, y le pidió a Jacob que tuviera hijos también con su criada, Zilpa. Ella a su vez, le dio a Gad y Aser. Entonces, Lea volvió a ser fértil nuevamente, y le dio a luz a IsacarZabulón y Dina. Entonces Dios se acordó de Raquel y al fin, le dio dos hijos, a uno lo llamó José y al otro Benjamín.
Cuando nació José Jacob deseó volver a casa, cosa que impedía su suegro, y tomando su parte se marcho sin avisar a nadie, desatando la ira de Laban. (Gn. 31, 3-18) “Yahvé le dijo: Vuélvete a la tierra de tu padre y a tu parentela, que yo estaré contigo. Mandó a llamar, pues, Jacob a Raquel y a Lía, para que fueran al campo adonde estaba con su ganado, y les dijo: “Veo que el semblante de vuestro padre no es para mí ya el que antes era, aunque el Dios de mi padre ha estado conmigo. Bien sabéis vosotras que yo he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas, y que vuestro padre se ha burlado de mí, mudando diez veces mi salario; pero Dios no le ha permitido perjudicarme. Cuando él decía: Tu salario serán las reses manchadas, todas las ovejas parían corderos manchados; y si decía: Las reses rayadas serán tu salario, todas las ovejas parían corderos rayados. Es, pues, Dios el que ha tomado lo de vuestro padre y me lo ha dado a mí. Cuando las ovejas entran en calor, vi yo en sueños que los carneros que cubrían a las ovejas eran rayados y manchados, y mi ángel me dijo en el sueño: Jacob; le respondí: firme aquí. Y él dijo: Alza tus ojos y mira: todos los carneros que cubren a las ovejas son rayados y manchados, porque yo he visto lo que te ha hecho Labán. Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste tú un monumento y me hiciste el voto. Levántate, pues, sal de esta tierra y torna a la tierra de tu parentela. Raquel y Lía  respondieron: ¿Tenemos acaso nosotras parte o herencia en la casa de nuestro padre?¿No nos ha tratado como extrañas, vendiéndonos y comiendo nuestro precio? Y, además, cuanto le ha quitado Dios, nuestro es y de nuestros hijos. Haz, pues, ya lo que Dios te ha mandado. Levantóse Jacob e hizo montar a sus mujeres y a sus hijos sobre los camellos, y, llevando consigo todos sus ganados y todo cuanto en Padán Aram había adquirido, se encaminó hacia Isaac, su padre, a tierra de Canaán.”
Jacob luchando contra el ángel

Al llegar al sitio donde se había producido “la escalera de Jacob”, Jacob envió un mensaje a su hermano, Esaú. (Gn.34)  Sus sirvientes volvieron con la noticia de que Esaú estaba aproximándose, a encontrarse con Jacob con un ejército de 400 hombres. En gran agonía, Jacob se preparó para lo peor. Oró en la cima del monte y mando tres tandas de presentes para su hermano, quedándose solo, entonces ocurrió la lucha con Dios y el cambio de nombre (Gn. 34, 25-31) “Quedóse Jacob solo, y hasta rayar la aurora estuvo luchando con él un hombre, el cual, viendo que no le podía, le dio un golpe en la articulación del muslo, y se relajó el tendón del muslo de Jacob luchando con él. El hombre dijo a Jacob: Déjame ya que me vaya, que sale la aurora. Pero Jacob respondió: No te dejaré ir si no me bendices. Él le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Jacob, contestó éste. Y él le dijo: No te llamarás ya en adelante Jacob, sino Israel, pues has luchado con Dios y con hombres y has vencido. Rogóle Jacob: Dame, por favor, a conocer tu nombre; pero él le contestó: ¿Para qué preguntas por mi nombre?”; y le bendijo allí. Jacob llamó a aquel lugar Peniel, pues dijo: He visto a Dios cara a cara y ha quedado a salvo mi vida.”
El capitulo 33 del Génesis narra la reconciliación de Jacob y Esaú y el asentamiento de Jacob, mientras que el 34 narra los primeros problemas con la población cananea. El 35 cuenta la erección del primer altar, en el lugar de la “escalera de Jacob”, y la confirmación del cambio de nombre.
Jacob se estableció en Sucot por un tiempo. Mientras viajaba posteriormente a Efrata, camino de Belén, Raquel murió dando a luz a su segundo hijo, Benjamín, seis años después del nacimiento de José.
Jacob había sido profundamente "herido en su alma" con la desaparición de su hijo amado, José, quien había sido vendido a unos mercaderes por sus hermanos a causa de los celos que le guardaban (Gn. 37) . El resto del Génesis sigue la historia del hambre y de las idas sucesivas hacia Egipto para comprar grano, que llevó al descubrimiento del José perdido que había sido nombrado Gobernador de esas tierras, sólo por debajo del Faraón. El patriarca fue a Egipto con toda su casa a pedido de su hijo José. Las escrituras dicen que Jacob llegó a residir en la tierra de Gosén, con su familia que sumaban «setenta almas» (Ex. 1,5); (Dtn. 10,22).
Llegando al fin de su vida, convocó a sus hijos al lado de su lecho y los bendijo. Junto con sus últimas palabras repitió la historia de la muerte de Raquel, aunque habían pasado ya 51 años desde su deceso, "como si hubiera sucedido ayer". Entonces, "él hizo un último pedido a sus hijos, recogió sus pies en el lecho, y expiró su alma", a la edad de 147 años (Gn. 47,28).El cuerpo de Jacob fue embalsamado y llevado a la tierra de Canaán, donde fue enterrado con su esposa Lea, en la Cueva de Macpelá, de acuerdo a su solicitud antes de morir.